Hace unos meses los profesores del máster de Sexología Médica de la Universidad Europea del Atlántico entregamos a los alumnos un tema, que habían de comentar, en el que se hacía referencia al mito del Andrógino o de la media naranja.

Se entiende como “mito” a esas falsas creencias, sobre determinadas cuestiones, a las que sin justificación alguna otorgamos la consideración de verdades absolutas.

Una de las falsas creencias más extendidas es la de la “la media naranja”. En base a ella, “el amor es una fuerza (más bien un huracán) que, inevitablemente, nos impulsa a buscar nuestro complemento en otra persona: nuestra media naranja o nuestra alma gemela”.

Esta creencia, que somos medias naranjas en busca de la parte que nos falta, los griegos trataron de explicarla mediante el mito del Andrógino, descrito en el Banquete de Platón, concretamente en el Discurso de Aristófanes.

Asegura Aristófanes que en la antigüedad la humanidad se dividía en tres géneros: el masculino, el femenino, y el andrógino (del griego Andros-Hombre y Gino-Mujer), éste último ya desaparecido.

Los seres que pertenecían a esta última clase eran redondos y tenían cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en la cabeza y, por supuesto, dos órganos sexuales. Permanecían tales seres unidos por el vientre y eran tan terribles, por su vigor y su fuerza, que se sintieron capaces de atentar contra los dioses.

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