Respetar la libertad

“Sabes lo mucho que te quiero Dori, pero mucho más quiero tu libertad”.

Este era el escueto contenido del wasap que Santiago, muy temprano, envió a su novia, de la que se sentía absolutamente enamorado.

Estaba traumatizado. No había dormido bien aquella noche y, aún de mañana, permanecía vivo en su mente el ácido recuerdo de la conversación que mantuvo con su amigo Toni la noche anterior.

Toni se mostraba rencoroso y ofendido. En medio de unas cervezas confesó que el motivo era que Hortensia, su pareja desde hacía siete años, hacia dos semanas que le había dejado.

Santiago sabía de los celos de su amigo hacia ella y de su insaciable afán por controlarla, de evitar que saliera con amigas, de que no riera en público, de que no fuera tan espontánea y alegre como de manera natural aquella guapa muchacha lo era. Y Hortensia, pese a estar en principio enamorada de Toni, finalmente harta, acabó por abandonarlo.

Entre sorbo y sorbo de cerveza Santiago recriminó aquella noche a su amigo por su actitud, pero éste, herido en su orgullo, estaba muy lejos de entender lo que le decía:

-Toni, lo tuyo es puro machismo. El más rancio de los machismos. Tu afán de control, tus celos, limitar a Hortensia en su libertad, todo ello supone una actitud machista, injusta, asquerosa y demodé. Chico, te lo has ganado a pulso. No tenías ningún derecho a hacerlo.

Toni, replicaba iracundo.

-¿Pero qué coño dices? ¿Tú sabes los regalos que le he hecho a Hortensia, los viajes que hemos hecho juntos y que he pagado exclusivamente yo?

Para proseguir imparable:

-Ella no podía permitírselo y yo sí, y como la quería no me dolía gastarme lo que fuere, pero, eso sí, a cambio exigía que se portase de una manera digna, como yo considero debería de comportarse.

Y trataba de justificar lo injustificable:

¿Sabes lo que te digo? En realidad todo lo hacía por su bien, porque no diese que hablar a la gente, porque no la tomasen por una cualquiera. ¿Qué no la controlase dices?, hasta ahí podíamos llegar después de lo que yo he hecho por ella.

Santiago lo intentó todo, pero no pudo hacer reflexionar a Toni, inmerso en la más pura de las mentalidades machistas.

Aquel hombre no asumía que con su actitud de control y chantaje hacia su novia vulneraba un derecho fundamental de cualquier ser humano: el derecho a la libertad.

Por suerte, Hortensia, tan despierta como encantadora, portadora y defensora de la preciosa insignia de la libertad, dio el definitivo paso de abandonar a tan rancio caballero. Bloqueo su wasap, entre otras cosas, y sin más contemplaciones lo abandonó.

Por fortuna no hubo violencia de por medio, lo que por desgracia no siempre sucede, y Santiago se alegró de que, finalmente, aquella muchacha hubiera podido zafarse de las cadenas con las que Toni la atenazaba.

Dori, la novia de Santiago, aun siendo tan temprano respondió de inmediato con otro wasap.

“Claro Santiago, estoy plenamente de acuerdo contigo. No interesa nada que no llegue desde la libertad”.

Y Santiago, después de leer aquel wasap varias veces, cada vez con más deleite, se sintió genial.