El uso de las drogas asociada al sexo y a la práctica sexual resulta de una seducción irresistible para algunas personas, sin embargo en realidad se trata de un cóctel de lo más peligroso.

Empezando por la cocaína que, pese a su fama de aumentar la excitación y potenciar la respuesta sexual, en la práctica acaba por provocar problemas eréctiles en el hombre, y dificultad para excitarse y lograr el orgasmo en la mujer.

 

Algunos consumidores creen que frotar el clítoris con coca aumenta la sensibilidad y excitación sexual de la mujer, lo cual es falso ya que esta sustancia ha demostrado ser un potente anestésico local. No hay un área más sensible a la credulidad y a las sugestiones que el de la sexualidad.

La cocaína, al ser un estimulante del sistema nervioso central, puede favorecer una transmisión más eficiente de los mensajes nerviosos. También sus efectos eufóricos pueden cambiar la percepción de uno mismo y de las propias experiencias o interacciones sexuales. Pero tras la euforia surge el desánimo y la depresión, provocando su uso prolongado un serio deterioro del sistema nervioso central que merma la sexualidad y fulmina el deseo, esa mágica llama que nos mueve y anima a acercarnos a la persona deseada.

En cuanto a las drogas de diseño, aunque son muchas las sustancias que se incluyen bajo tal denominación, son de destacar por su popularidad los análogos de las anfetaminas METH o speed y MDMA o éxtasis. Ambos son estimulantes y su uso crónico puede causar trastornos mentales muy graves con síntomas de esquizofrenia.

Las dos provocan euforia y desinhiben la conductas, lo que inicialmente puede ofrecer ciertas ventajas a lo hora de acercarse a la persona deseada, sin embargo, a la hora de la verdad en las mujeres merma la excitación y la lubricación vaginal, además de dificultar el orgasmo, y en los hombres, de manera similar, provoca problemas para mantener la erección así como retraso en la eyaculación.

El “Chemsex”, un fenómeno que se ha conocido recientemente casi exclusivo del colectivo gay, caracterizado por el consumo de drogas para prologan las relaciones sexuales, se ha convertido en un problema de salud pública. Las drogas utilizada en esa insensata meta de prolongar artificialmente algo tan natural como las relaciones sexuales son, sobre todo, mefedrona, metanfetamina y GHB o ácido gammahidroxibutírico.

El GHB, merece un comentario especial. Se trata de una sustancia depresora del sistema nervioso central (SNC) que fue utilizado hace unas décadas como anestésico, pero se retiró del mercado farmacéutico debido a su alto riesgo de provocar crisis epilépticas.

Tiene un sabor algo salado y se distribuye en el mercado negro en pequeñas ampollas que se disuelven en la bebida. Al consumirlo provoca desinhibición de la conducta, mayor sociabilidad, alteraciones de la percepción táctil, euforia o relajación y alteración de la respuesta sexual, pero estos efectos dependen de la dosis.

A dosis bajas el GHB desinhibe y provoca embriaguez, sin embargo, a dosis más altas provoca somnolencia y aturdimiento, siendo muy estrecho el margen entre la dosis que coloca y desinhibe de la que provoca la pérdida de conciencia, lo cual también varia de unas personas a otras.

Algunos desalmados recurren al GHB para asaltar a sus víctimas, echándolo en las bebidas alcohólicas, lo que provoca en ellas perdida de la conciencia y de la voluntad, alteración que aprovecha el agresor para desvalijarlas o para abusar sexualmente de ellas.

Porque es precisamente la intoxicación aguda la principal complicación del consumo de GHB, registrándose en España en los últimos años numerosos casos de coma, que han requerido asistencia sanitaria urgente, así como algunas muertes con su uso.

Dicha intoxicación es muy fácil cuando se mezcla GHB con alcohol, al producirse una reacción cruzada entre ambas sustancias que con suma frecuencia induce pérdida total del conocimiento, razón por la cual los consumidores han de evitar el consumo de bebidas alcohólicas o al menos ingerirlo en dosis muy bajas, dado que el riesgo de intoxicación es muy alto. Otras sustancias depresoras del sistema nervioso central, como cannabis, tranquilizantes, etc., también potencian los efectos tóxicos del GHB

 

La sexualidad, fuente de placer y bienestar con la que la naturaleza nos ha dotado, nos permite, entre otras cosas, disfrutar de una privilegiada forma de comunicar sentimientos y sensaciones con otra persona. Las drogas, cual opaco cristal, nos alejan de estas vivencias, lo que supone un fraude a nuestra sensibilidad y a nuestra libertad.